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Tres mil niños soldados recuperarán su infancia en Sudán del Sur durante el próximo mes

Por   /   Sábado, 31 | enero | 2015  /   No hay comentarios

“Yo sólo soy un niño, pero sé lo que es un conflicto”. La infancia no es igual para todos, y más si naces en una parte del mundo donde el miedo, el sufrimiento y la muerte forman parte de tu rutina diaria. Es el caso de los 3.000 niños soldados que un grupo armado de Sudán del Sur se ha comprometido a liberar progresivamente durante el próximo mes.

Fuente: Efe

Fuente: Efe

Gracias a la intervención del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), el pasado martes la Fracción Cobra del Ejército Democrático permitió que 280 menores con edades comprendidas entre los 11 y los 17 años entregaran sus uniformes y sus armas para comenzar a vivir como niños y no como soldados. Esto es algo fundamental, sobre todo, si tenemos en cuenta que algunos de quienes fueron liberados llevaban ya cuatro años luchando y, según la ONU, muchos ni siquiera han pisado una escuela todavía.

El grupo armado entregó a los adolescentes a UNICEF en una ceremonia que tuvo lugar un poblado del estado de Junqali ante la Comisión Nacional de Desarme, Desmovilización y Reintegración de Sudán del Sur, un país en el que el conflicto armado que se vive desde hace poco más de un año ha desplazado a más de un millón de niños y ha utilizado a 12.000 como fuerza militar.

El representante de UNICEF en el país africano, Jonathan Veitch, hizo hincapié en que estos menores, que irán siendo liberados durante las próximas semanas, han sido obligados a “hacer y ver” cosas “que ningún niño debe de experimentar nunca”. Por eso, según el organismo, el proceso de reintegración es lento y se desarrolla durante dos años en los que se invierten 2.330 dólares por cada niño para ofrecerles apoyo material, educativo y psicológico.

Esta realidad es habitual en zonas como la de este país de África Oriental donde la violencia y el horror bélico forman parte del día a día de los ciudadanos, quienes se quedan paralizados al ver que sus menores son secuestrados en las calles o en sus propias casas para acabar convertidos en armas de guerra mientras las niñas pasan a ser, en la mayoría de los casos, objetos sexuales de los adultos.

La frase “yo sólo soy un niño, pero sé lo que es un conflicto”, que abre este artículo, forma parte de un testimonio recogido en un comunicado que las organizaciones Alboan, Amnistía Internacional, Entreculturas, Fundación El Compromiso y Save the Children redactaron el pasado 12 de febrero con motivo del Día Internacional contra la Utilización de Menores Soldados.

“Yo fui parte de él (el conflicto), he visto cosas horribles; cuerpos mutilados, sin cabeza, mucha sangre… He hecho cosas de las que me arrepiento, pero tienes que comprender que yo era un soldado y no tenía otra opción. Si un general te dice que pares a alguien y le pegues, incluso sin motivo o aunque sean mujeres o ancianos, no puedes decir no”, continuaba el testimonio de Namboro, quien se unió a las milicias rebeldes de República Centroafricana con tan solo 16 años.

Con este tipo de informes y mediante la colaboración de políticos, ciudadanos, medios de comunicación y el mundo de la cultura –de donde han salido proyectos como el cortometraje ganador de un Goya y nominado a un Óscar “Aquel no era yo”-, las organizaciones sin ánimo de lucro y los organismos internacionales continúan luchando cada año por erradicar esta lacra que afecta a uno de los sectores más vulnerables de la sociedad en al menos 19 países de todo el mundo.

Fuente: Sayid Azim (AP)

Fuente: Sayid Azim (AP)

Según denuncia Amnistía Internacional, los conflictos que están teniendo lugar en República Centroafricana o Sudán del Sur han puesto el foco sobre “el drama” de este reclutamiento, pero no se debe olvidar que hay muchas más regiones donde continúan secuestrando y reclutando a niñas y niños, y entre las que se encuentran Afganistán, Chad, Colombia, Costa de Marfil, Filipinas, India, Iraq, Líbano, Libia, Mali, Myanmar, Pakistán, República Democrática de Congo, Sudán, Siria, Tailandia y Yemen.

Ahora el objetivo es que estos 3.000 niños sean sólo el comienzo del fin, y por ese motivo las Naciones Unidas y las asociaciones de derechos humanos continúan insistiendo en algo que consideran primordial: que todos los países ratifiquen el Protocolo facultativo de la Convención de derechos del niño sobre la participación de menores en conflictos armados. En la actualidad, 152 ya lo han hecho, 20 sólo lo han firmado y 22 no lo han firmado ni ratificado. Acogerse a él sería un paso más para que menores como Namboro o como los miles que dentro de poco estarán junto a sus familias en Sudán del Sur puedan volver a tener una infancia y, ante todo, una vida libre y digna.

 

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