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Son refugiados, no inmigrantes: del pragmatismo al cinismo

Por   /   Sábado, 6 | febrero | 2016  /   No hay comentarios

Las deportaciones de refugiados deberían estar prohibidas. Un país debe reglar sobre inmigración, como parte de su política exterior, para cuidar de sus fronteras o controlar la pirámide de población. Pero se han de establecer unos límites.

Manifestación contra las deportaciones ante la Casa Blanca. Foto: Irene Benedicto.

Manifestación contra las deportaciones ante la Casa Blanca. Foto: Irene Benedicto.

Los refugiados no son inmigrantes económicos. No vienen por negocios, ni para ganar más dinero, tener una casa más grande o un coche. Y por supuesto, no vienen por placer. Los refugiados huyen. Huyen de la violencia, de las guerrillas, los pandilleros, las bandas, las navajas y las pistolas que hacen de sus países un lugar inseguro. Algunos están amenazados de muerte, o han matado a sus padres o a sus hijos, y están en las listas negras.

Las políticas migratorias se argumentan, demasiado a menudo, solo con matemáticas. La frontera entre el pragmatismo y el cinismo se vuelve difusa. Cuando la administración de uno de los países más ricos del mundo dice que no se pueden permitir tener a más población, los que huyen de los países más pobres del continentes oscilan entre la incredulidad y la rabia.

Cuando, además, el país más rico del mundo no provee sanidad pública y, en general, el concepto de “lo público” carece de una puesta en práctica – las escuelas públicas siguen siendo caras, la universidad es absolutamente inasequible, el transporte público no existe fuera de las metrópolis… — ni siquiera salen las cuentas de dónde están esos costes de dar refugio.  

Devolverlos a su país es enviarlos a una muerte segura. ¿Cuántos han de morir para que se considere una guerra? ¿Cuán elevada ha de ser tu probabilidad de morir para que no te devuelvan de regreso al lugar del que huyes?.

 

Sobre el autor

Graduada en periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona. Especializada en periodismo político y económico.

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