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Se cumplen 20 años desde el levantamiento armado zapatista en México

Por   /   Viernes, 7 | febrero | 2014  /   No hay comentarios

El 1 de enero de 1994 el mundo viró su mirada al sureste mexicano. Carlos Salinas de Gortari, entonces presidente de la República Federal Mexicana, acababa su segundo mandato de manera triunfal con la entrada del país en el Tratado de Libre Comercio junto a EE.UU y Canadá. Pero miles de indígenas bajarían de las montañas para luchar, fusil en mano, por sus derechos. Es 2014, han pasado 20 años desde su primera aparición pública y los zapatistas siguen luchando.

Mapa de México. Creative Commons

Mapa de México. Creative Commons

En Chiapas, en el sureste mexicano, los zapatistas celebraron su vigésimo aniversario con bailes en sus comunidades, a la que acudieron alumnos de la Escuelita Zapatista procedentes de varios países pero sin invitar a la prensa.

A veinte años del levantamiento armado y la guerra de 12 días que le siguió (con más de 300 muertos) medios de comunicación afirman que los indígenas siguen en la pobreza o centran la mirada en la ausencia del subcomandante Marcos, principal vocero de la vertiente armada del movimiento, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Entonces ¿qué celebran?

En un comunicado del pasado 28 de diciembre, el subcomandante Marcos señalaba:

“Ustedes preguntan ‘¿Qué ha hecho el EZLN por las comunidades indígenas?’ Y nosotros estamos respondiendo con el testimonio directo de decenas de miles de nuestros compañeros y compañeras”

La creación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional empezó a gestarse en 1982 con el objetivo, en principio, de plantear una lucha nacional, articulándose con otras fuerzas tras el estallido inicial para formar un movimiento más amplio, revolucionario. Así lo explica el propio subcomandante Marcos en el documental EZLN: 20/10 El Fuego y La Palabra:

“Bueno, en 1984 éramos seis. En 1986 ya habíamos crecido, ya éramos 12, ya podíamos conquistar el mundo decíamos nosotros (…). De los 12 del ´86, uno era mestizo y los 11 eran indígenas. Ya no más quedaba yo de mestizo. Y luego ya se unieron otros dos (…). En 1988-89 nosotros pasamos de ser 80 combatientes a mil trescientos, en menos de un año”

marcos

Subcomandante Marcos. Creative Commons

El impacto superó las expectativas del propio movimiento: internet era un actor más y los medios internacionales se hicieron eco de lo que estaba ocurriendo. Intelectuales y periodistas como José Saramago, Vázquez Montalván, García Márquez o Eduardo Galeano se entrevistaban con el subcomandante Marcos y apoyaban su lucha junto a una gran cantidad de movimientos de solidaridad en otros países.

Después del levantamiento, el PRI (Partido Revolucionario Institucional, con Salinas al frente y su sucesor, Ernesto Zedillo), decidió crear un comité encargado de negociar una salida pacífica con el EZLN. Por su parte, el movimiento, sin dejar de declararse beligerante, dejó las armas y no han vuelto a utilizarlas.

El diálogo confluyó en la creación por parte del gobierno de una “Ley Indígena” que no reconocía a los pueblos indios como sujetos de derecho, no les permitía el ejercicio de la autodeterminación ni la autonomía, no les reconocía el derecho al uso y disfrute de sus riquezas naturales, no permitía sus prácticas democráticas ni el derecho a contar con proyectos propios de desarrollo sustentable, ni a contar con sus propios medios de comunicación, es decir, no accedía a prácticamente ninguna de las demandas de los zapatistas.

Por todo ello, el EZLN rechaza dicha ley y provoca la suspensión por parte del movimiento de todo contacto con el gobierno e inicia un proceso para poner en práctica de forma autónoma sus objetivos, recogidos en los incumplidos Acuerdos de San Andrés firmados por ambas partes en 1995, y que básicamente reconocían los derechos y la cultura de los pueblos indios y pobres del país.

Y es que antes del levantamiento armado, los indígenas del sureste mexicano vivíanen una situación de marginación, pobreza y miseria. El obispo Samuel Ruíz García, encargado de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas durante 40 años, una de las ciudades en Chiapas con mayor población india, recordaba que al llegar en 1959 se sorprendía al ver que los indígenas andaban encorvados y debían bajar de la acera e inclinarse “ante cualquier criollo que circulara por ella”.En 1993 los ganaderos podían decir que la vida de una gallina valía más que la de un indio, lo repetía, por ejemplo, el ganadero Jorge Constantino Kanter.

 

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