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Pegida y el peligro de la intolerancia

Por   /   Domingo, 7 | febrero | 2016  /   No hay comentarios

La extrema derecha europea volvió a manifestarse el pasado sábado a lo largo del viejo continente en contra de la llegada de inmigrantes y refugiados a Europa. Lo hizo a través de diferentes concentraciones convocadas por el grupo islamófobo Pegida, fundado a finales del 2014 en la ciudad alemana de Dresde. Fue concretamente en esta localidad donde se registró el acto más multitudinario, con cerca de 8.000 asistentes.

Manifestantes de Pegida, durante la concentración en la ciudad alemana de  Dresde. EFE

Manifestantes de Pegida, durante la concentración en la ciudad alemana de Dresde. EFE

La protesta estuvo custodiada por la policía germana mediante un importante despliegue de agentes antidisturbios, con el fin de evitar enfrentamientos entre los simpatizantes del movimiento xenófobo y los participantes en las diferentes manifestaciones paralelas en contra de Pegida. En cambio, en otras ciudades europeas como Praga, Ámsterdam o Dublín, sí que se produjeron altercados entre las diferentes marchas convocadas.

Por su parte, el gobierno francés decidió prohibir la manifestación prevista en Calais, lugar donde se ha formado el mayor campamento de asilados del continente. A pesar del veto impuesto por el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, finalmente se citaron un centenar de individuos que fueron dispersados por la policía, produciéndose cerca de veinte detenciones, entre las cuales figura la del líder de Pegida en Francia, Loïc Pedriel.

Por el momento, Pegida no ha conseguido asentarse de manera estable en España. El único acto relativamente destacado de su sucursal en el país se produjo hace escasamente un año, en una fecha tan señalada como el 11 de marzo, en la localidad catalana de L’Hospitalet de Llobregat, una cita que movilizó a mucha más gente contraria que favorable a las tesis racistas de la organización.

La Unión Europea no sólo se enfrenta al reto humanitario que supone la llegada de miles de refugiados que huyen de la miseria y de la guerra en Siria. También debe contrarrestar implacablemente a los movimientos antidemocráticos que pretenden romper la convivencia en nuestros barrios y ciudades, que no dudan en utilizar a las recientes víctimas del terrorismo yihadista para conseguir inocular en nuestra sociedad una ideología que ‘mutatis mutandis’ sigue latente en Europa: el fascismo.

Probablemente, decisiones políticas como la aprobada hace escasamente dos semanas en Dinamarca, que permite a las autoridades danesas la confiscación de bienes a los refugiados con el presunto fin de sufragar los costes de su manutención, dificultan esta lucha contra la intolerancia de estos grupúsculos que estuvieron escondidos cuando en el 2011 Anders Breivik asesinó en Noruega a 77 personas en nombre de occidente. No os olvidéis de París, pero tampoco de Utoya.

 

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