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Los focos que Putin deberá contener en los Juegos de Invierno

Por   /   Viernes, 17 | enero | 2014  /   No hay comentarios

A Vladimir Putin no le apetece que nada ni nadie estropee la imagen diplomática de Rusia que tan bien se ha forjado en los últimos meses de 2013 y que podría ver su culmen en los Juegos de Invierno de Sochi, los más caros de la historia con un presupuesto oficial de 37.500 millones de euros.

Perímetro de seguridad de Sochi durante los Juegos (Fuente: Vocativ.com)

Zona de seguridad de Sochi /Vocativ.com

Desde el pasado 7 de enero está activada el área de seguridad que rodea en un perímetro de más de cien kilómetros a Sochi, ciudad de los Juegos Olímpicos de Invierno que tendrán comienzo en tres semanas. El acceso a la zona se encuentra ya totalmente restringida a los vehículos y todos los visitantes que quieran entrar utilizando el transporte público tendrán que inscribirse antes en la policía, medida inédita en la historia de los Juegos. Un total de 25.000 policías y 8.000 agentes de las tropas internas, así como personal de fuerzas especiales, velarán por la seguridad de todos los que acudan a la cita. Además, 400 cosacos de Kubán ya están sobre el terreno y también lo estarán escuadrones aéreos rusos y misiles antiaéreos ZRK S-400 y Pantsir-S1. Se trata, sin duda, de un despliegue sin precedentes, pero es que al Kremlin no le faltan razones.

El terrorismo es la principal amenaza. Ni Putin ni nadie desearía ver repetidos sucesos como los de Munich 72′. Los terroristas yihadistas del Emirato del Cáucaso ven en Sochi la oportunidad de vengar la muerte de sus antepasados en sus propias montañas. El líder de la organización, el checheno Doku Umarov, subió en julio un vídeo en el que se pronunciaba sobre los Juegos: “Como ‘muyahidin’ estamos obligados a impedirlo por cualquier medio permitido por Alá”. Puede que estas palabras no cobraran tanta importancia si no se hubiesen producido recientemente sucesos como los atentados de Volgogrado perpetuados por “viudas negras” en octubre y diciembre que se cobraron 32 vidas o el hallazgo de cinco cadáveres y explosivos en Stávropol el pasado 8 de enero, a tener en cuenta dados los 300 kilómetros que separan esta ciudad de Sochi.

La palabra “boicot” también sobrevuela el ambiente en el extremo oeste del Cáucaso. Parte de la diáspora musulmana de los circasianos pretendió boicotear el evento apoyándose sobre la figura del ex presidente de Georgia Mijaíl Saakashvili, puesto que las montañas sobre las que disputarán sus pruebas los deportistas son las mismas que en 1864 vieron el exterminio de los montañeses por manos del régimen zarista. Pero tras el relevo de poder en Georgia los circasianos perdieron voz. Ahora las reivindicaciones e incitaciones al boiciot se producen desde organizaciones humanitarias que critican abusos como el trato recibido por los obreros inmigrantes durante la construcción de las instalaciones o la apropiación de dinero del Estado por parte de empresas como Gazprom. En un principio Putin prohibió las manifestaciones durante los Juegos, al igual que hiciera Pekín en 2008, pero el 4 de enero el Kremlin anunció la reducción de estas restricciones, permitiendo solo las protestas públicas con permiso previo de las autoridades.

Putin jugando al hockey sobre hielo en Sochi (Fuente: Wikimedia Commons)

Putin jugando al hockey sobre hielo en Sochi /Wikimedia Commons

Pero si hay una protesta por antonomasia que podría aprovecharse de la situación, esa es la de los derechos de los homosexuales. Putin ha querido demostrar ciertos síntomas de apertura tolerante durante los Juegos, como el comunicado del viceprimer ministro ruso Dimitry Kozak al COI asegurando la bienvenida a todas las personas “independientemente de su orientación sexual”, o la puesta en libertad de las Pussy Riot el pasado diciembre. Aun así, de momento los presidentes de EEUU, Alemania y Francia no acudirán nisiquiera a la ceremonia inicial en desaprobación por la leyes rusas contra la homosexualidad. Además, para mayor provocación, los norteamericanos han incluido a dos atletas homosexuales en su delegación oficial. Todavía están frescas en la memoria polémicas como la del Mundial de Atletismo de Moscú 2013, cuando las cámaras no filmaron la actuación de Emma Green en la final de salto de altura al llevar pintadas las uñas con los colores del movimiento gay.

Vladimir Putin llega a Sochi 2014 en plena forma. Tras el asilo a Edward Snowden, que seguramente le haya aportado a cambio información muy valiosa, y la mediación en el conflicto Sirio donde logró frenar las intenciones de intervención de EEUU, la victoria conseguida contra Europa en su puja por Ucrania ha terminado de consolidar al gigante ruso en el “Top Ten” de las potencias internacionales. Ahora, los Juegos de Sochi 2014, capricho personal de Putin, pueden llegar a ser el escaparate definitivo del poderío ascendente de Rusia. Pero cualquier desliz puede significar una catástrofe para las pretensiones del Kremlin, así que no es de extrañar que Putin haya convertido Sochi a día de hoy en una de las ciudades más seguras del mundo.

 

Sobre el autor

Licenciado en Periodismo y Master en Periodismo Internacional de Agencia Efe. Mi objetivo es llegar a utilizar las innumerables herramientas del mundo de la comunicación y los medios para favorecer a las comunidades más desfavorecidas.

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