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¿Libres o seguros?

Por   /   Miércoles, 14 | enero | 2015  /   No hay comentarios

Policía con apoyo canino. Imagen de Flickr CC.

Policía con apoyo canino/ LARRY THORNME (Flickr CC)

Tras los atentados de París, varios estados europeos plantean duras medidas para combatir el terrorismo yihadista. Alemania propone retirar el documento nacional de identidad hasta tres años (el doble de lo que se había estipulado) a presuntos yihadistas para impedir que éstos se unan a grupos extremistas. Por su parte, Reino Unido demanda mayor poder para el servicio de inteligencia como el rastreo de comunicaciones en la Red. Es decir, no solo se tendrá acceso a los registros de mensajes o llamadas, también al contenido de los mismos. Francia, a través del discurso en la Asamblea Nacional de ministro Manuel Valls, sugiere un mayor control en el ciberespacio y el endurecimiento de medidas punitivas. ¿Podrían suponer recortes en las libertades civiles la nueva normativa?

Lo que los juristas denominan como Derecho Penal del Enemigo no puede convivir con los principios de la Revolución Francesa y el Estado de Derecho. Con ello la seguridad se aplica a los hechos futuros y no a los delitos que se han cometido. Estas normas jurídicas excepcionales (no de excepción como apostilló Valls) se caracterizan por el aumento de penas junto a la supresión de garantías jurídicas. Es entonces cuando el Estado deja de dialogar con el ciudadano y la sospecha se convierte en protagonista. No se pueden adoptar medidas sobre una sospecha.

Nuestros derechos civiles, individuales, sociales o culturales no deben convertirse en enemigos de la seguridad aunque algunos apunten que Occidente viva en un Estado de Guerra. El terror para legislar en caliente vulnera los derechos fundamentales donde parece que la única solución es adoptar medidas restrictivas que anulan nuestra intimidad o en el caso español con la ley mordaza, nuestra libertad de expresión. Con este clima de terror los gobiernos pueden sacar provecho para legislar un programa político previo. Pero lo cierto es que la seguridad no se alcanza arrebatando las libertades ciudadanas.

La situación que vive Europa estos días conlleva medidas calientes como el despliegue policial y militar en los núcleos urbanos principales. Pero, ¿el ciudadano se siente más seguro cuando los perros acompañan a personas armadas en las estaciones o aeropuertos? Puede que sí durante esos días pero en unas semanas se calmará este clima de terror y ya no nos veremos rodeados de tanta desconfianza. Si de algo puede presumir Europa es de libertad pero los mandatarios aprietan más y más hasta llegar al límite con el fin de conseguir una absoluta seguridad cuando eso no existe. La sensación de seguridad no es real, se trata de un espejismo. Quizá la sobreprotección no alcance el resultado esperado y haya que sustituir la paranoia por el raciocinio.

Estamos sometidos a una constante vigilancia. Mientras navegamos, mientras paseamos o cogemos el metro donde las cámaras velan por nuestra seguridad o mientras nuestros datos circulan cada vez que realizamos cualquier gestión. ¿La libertad y la seguridad son incompatibles? Puede que la resistencia ciudadana comience cuando perciba cómo se vulnera su intimidad y puede que los gobiernes necesiten clases de Estado de Derecho.

 

Sobre el autor

Licenciada en Periodismo por la UCM. Actualmente, cursando el Máster de Periodismo Internacional UNED-EFE.

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