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Las polémicas de Sochi 2014

Por   /   Jueves, 13 | febrero | 2014  /   No hay comentarios

Los Juegos Olímpicos de Invierno Sochi 2014, opacados por una serie de polémicas entre atentados terroristas, una ley antigay promovida por el Gobierno de Putin y una inversión que supera los 50 mil millones de dólares, bien podrían considerarse uno de los eventos deportivos más controvertidos de los últimos años.

Este viernes 7 de febrero se dio inicio oficial a los XXII Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, Rusia. Pero la belleza de la llama olímpica en el estadio de Fisht y la impresionante ceremonia inaugural que duró unas dos horas y media no son suficientes para olvidar que, en los últimos meses, el evento ha estado rodeado por todo tipo de controversias.

Una de las principales preocupaciones para las próximas dos semanas es, sin duda, la amenaza de ataques terroristas. El pasado diciembre la provincia de Volgogrado, a solo 700 km de Sochi, fue victima de dos ataques suicidas dejando un saldo 34 personas muertas. En este sentido recordemos que en julio de 2013 el líder de la guerrilla caucasiana, Doku Umárov, amenazó con abortar el evento “por cualquier medio permitido por Alá”, el cual tildó este certamen olímpico de “bailes satánicos sobre los huesos de nuestros antepasados” haciendo un llamado a insurgentes islamistas. Algunos comités olímpicos recibieron en las últimas semanas amenazas exigiendo que sus atletas no asistieran a los juegos o se expondrían a los atentados.

Paradójicamente, aunque el tema del terrorismo sea una amenaza latente en estos juegos, es la discriminación hacia los homosexuales el elemento más negativo. El Gobierno de Vladimir Putin ha iniciado una campaña contra los grupos homosexuales y aunque insistió en que deportistas y aficionados son bienvenidos “independientemente de su nacionalidad, pertenencia racial u orientación sexual”, el alcalde de Sochi, Anatoli Pajomov, no hizo más que aumentar la incomodidad y la tensión de los participantes tras declarar que los homosexuales serán bienvenidos mientras “no intenten imponer sus comportamientos a otros” y proclamar que, en Sochi, “no hay ni un solo homosexual”.

En junio pasado se promulgó una ley que prohíbe la propaganda homosexual ante los menores, castigando con multas y penas de prisión a quien viole dichas normas. En símbolo de evidente desaprobación algunos jefes de Estado como Barack Obama, François Hollande, Joachim Gauck y otros decidieron no asistir al evento deportivo. Pero Obama no pudo desaprovechar la oportunidad de desafiar al oso enviando deportistas homosexuales en la delegación estadounidense, lo que según la Casa Blanca “representa la diversidad de Estados Unidos”.

Por otro lado Rusia ha invertido unos 51 mil millones de dólares en los Juegos Olímpicos de Sochi, ganándose el nada favorable puesto de las olimpiadas más caras de la historia, en un país donde la pobreza y la miseria es tan grande como su extensión territorial. Por su parte la oposición ha denunciado que funcionarios y empresarios han robado miles de millones de dólares durante los preparativos, y sumado a las protestas que se han desatado en torno al escándalo de corrupción, la imagen de país serio y estable que el presidente ruso pretendía brindar, no es más que un bonito sueño.

No es un secreto que Putin es un gran aficionado al deporte y ve en las Olimpiadas de Sochi y la próxima Copa Mundial de Fútbol una oportunidad para mostrar al mundo una Rusia renovada y desarrollada, capaz de regresar al papel de potencia mundial, pero lastimosamente solo ha evidenciado los grandes problemas de corrupción y discriminación que aún perduran y que, evidentemente, no cayeron junto a la Unión Soviética.

 

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