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Las inconsistencias de la República

Por   /   Jueves, 22 | enero | 2015  /   No hay comentarios

Lassana Bathily recibe la nacionalidad francesa (fuente: interieur.gouv.fr)

Lassana Bathily recibe la nacionalidad francesa (fuente: interieur.gouv.fr)

Lassana Bathily, el dependiente del supermercado kosher que salvó la vida de varios clientes judíos en la fusilada de Porte de Vincennes, se volvió un héroe en toda Francia. Los medios destacaron especialmente su mérito: un musulmán practicante había salvado la vida de al menos nueve judíos, poniendo en riesgo su propia existencia. Para el orgullo chovinista, en la tierra de la libertad, la igualdad y la fraternidad, la convivencia y el diálogo entre dos confesiones que parecen irreconciliables, se hizo evidente.

Lassana nació en Mali en 1990. Dieciséis años después cruzó el Norte de África y el Mediterráneo para poner pie en suelo francés. Una vez llegado a París, se inscribió en un instituto profesional y vivió en un hogar de trabajadores migrantes. Con esfuerzo, consiguió dos certificados en oficios: uno en pintura y otro en revestimiento de pisos. En su tiempo libre, entrenaba con su cuadro de fútbol, una institución casi tan universal como la República.

Aún así, un par de años después, su situación migratoria irregular lo hizo vivir la odisea que tarde o temprano puede llegarle a cualquier indocumentado: el riesgo de la deportación. Sorteó el obstáculo victoriosamente luego de recurrir el fallo de la Prefectura de París que le negó el permiso de residencia. Luego de idas y venidas, obtuvo el documento recién en 2011. En julio de 2014, dio inicio al trámite de naturalización, un proceso largo y engorroso, con tiempos de espera imprevisibles, además de los peros que pueda poner la administración a discreción en cada caso.

¿Qué hubiera pasado si en 2009 Lassana hubiera sido mandado de nuevo a su país o si el día de los tiroteos hubiera tenido su día libre? ¿Se le hubiera concedido la nacionalidad francesa? Es imposible de saber, pero probablemente su historia permanecería desconocida para las personas que hoy rescatan en él los valores republicanos. Muchos prefieren pensar que la esencia republicana es lo que lo guió al momento de esconder a los clientes del supermercado en una cámara de frío, escaparse por donde pudo y luego facilitarle a la policía la manera de abrir las cortinas metálicas del comercio para liberar a los rehenes

Lassana no era francés. Era extranjero en un país en el que estaba plenamente integrado. Donde trabajaba, estudiaba y jugaba al fútbol con sus amigos, aunque siendo parte de una masa ajena: los otros, los inmigrantes. Están todos los días: en el metro, en el supermercado, en el colegio. Pero nadie los ve. Hacen funcionar al país, a la República, pero son invisibles, salvo en casos excepcionales como el que protagonizó Lassana.

Menuda indignación causó en las redes sociales el hecho de que una persona que dio prueba irrefutable de predicar la libertad, la igualdad y la fraternidad (además de la modestia, que no es poco) no fuera ciudadana. En las plataformas de activismo online, las firmas para que se le otorgara inmediatamente la nacionalidad francesa a Lassana se multiplicaron a pasos agigantados. Casi medio millón de personas adhirieron a la petición presentada al Elíseo a través de Change.org. Felizmente, el ministerio del Interior acogió esta propuesta y aceleró el expediente de Lassana. Ahora, los activistas online piden que se le conceda la medalla de la Legión de Honor, la máxima condecoración de Francia.

(Felicitaciones a Lassana Bathily, que será naturalizado el martes por @bcazeneuve en una ceremonia de acogida a la ciudadanía francesa)

En una ceremonia oficial, Bernard Cazeneuve, el ministro del Interior, le hizo entrega de su pasaporte, una medalla tricolor, así como de una carta de bienvenida del presidente Hollande, que goza en este momento de los porcentajes más altos de popularidad de su mandatomeses después de que el derechista Front National se volviera la primera fuerza política en las elecciones europeas de 2014.

(Francia acoge y protege a los franceses de todas las confesiones, no conoce más que ciudadanos)

Si de ciudadanos se trata, Amedy Coulibaly, uno de los terroristas del supermercado kosher, tenía pasaporte francés. Hijo de inmigrantes malienses, tal como Lassana. Pero detalles así se pasan por alto. No se debate el éxito de la integración de las minorías inmigantes, que no encuentran su lugar en un país al que pertenecen y son más proclives a caer en las trampas de fundamentalismos de cualquier tipo. A los franceses, tampoco les es agradable evocar las heridas abiertas de su pasado colonialista, que aún hoy se hacen sentir. Y de su presente, porque el colonialismo informal sigue.

No es el mérito que ganó Lassana lo que se debe poner en cuestión. Lassana merece ser francés y lo merecía mucho antes de los atentados. Lo que es preocupante es que la integración y la aceptación de la alteridad como un valor que puede enriquecer a la sociedad se recuerde sólo en casos extremos. Y que los valores republicanos se adjudiquen únicamente a los ciudadanos. Porque los Lassanas anónimos son muchos. El nuevo francés parece saberlo, y no es por falsa humildad que se quiere bajar del pedestal:

 

 

Sobre el autor

Juan Ignacio nació en Montevideo, el 08/08/1988. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de la República (Uruguay), donde se desempeña actualmente como docente colaborador honorario de redacción periodística. Apasionado de la multiculturalidad, de las lenguas y de la diversidad de este Mundo, se interesa especialmente por los asuntos internacionales, la francofonía en las Américas y las noticias curiosas.

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