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De defensor a acosador

Por   /   Viernes, 12 | febrero | 2016  /   No hay comentarios

La caída del defensor del Pueblo de Colombia, Jorge Armando Otálora, por un escándalo de acoso laboral y sexual hacia su secretaria, Astrid Cristancho, ha supuesto traer a Colombia el debate del acoso en un país donde  donde el trece por ciento de los trabajadores se ha visto en una de esas situaciones y donde el 71 por ciento son mujeres. 

El exdefensor Jorge Otálora

El exdefensor Jorge Otálora

Nadie sospechaba que la máxima figura en defensa del pueblo colombiano pudiera haber sido capaz de acosar a su secretaria sexual y laboralmente.  Pensar que Jorge Armando Otálora, además de esto, representaba desde noviembre a todos los defensores del pueblo de Iberoamérica produce escalofríos. Sobre todo después de ver la hostilidad, asedio y obscenidad con la que este se dirigía a su secretaria, Astrid Helena Cristancho. La situación se volvió insostenible para la abogada y esta decidió dar a conocer su caso a través del periodista Daniel Coronell, que en una columna en la revista Semana explica los hechos: entre otras propuestas, el exdefensor buscaba verla fuera del horario laboral y le enviaba fotos de contenido obsceno.

Otálora, que califica esta denuncia como un“artificial escándalo mediático puesto en marcha en mi contra”, presentó su renuncia el 28 de enero para no “afectar el desempeño de la institución”, y además sostiene que su relación con Cristancho fue de consentimiento mutuo. No está claro si esto es verdad o no, pero la actitud de Otálora refleja que nos encontramos ante un caso de abuso de superioridad entre un jefe y una subalterna y ante un escándalo de vulnerabilidad ante el superior, puesto que Cristancho soportó durante un buen tiempo estas vejaciones bien por miedo o por temor a que nadie fuera a creerle.

El estigma de haber sido reina de belleza

 Al hecho de estar por debajo en la escala jerárquica, hay que sumarle que Cristancho fue reina de belleza en Colombia, algo por lo que que según muchas opiniones vertidas en internet a lo largo de estos días, la habilita para ser abusada dado que no es considerada un sujeto pensante a pesar de que posee un título de abogada.  En Colombia los reinados de belleza alimentan el mito de que una mujer bella es “hueca además de facilona y siempre a la búsqueda de poder y dinero“.

La propagación de este estigma cultural se extiende con los análisis superficiales de medios como Las2Orillas,que aseguran que la belleza de la exsecretaria fue la que hizo que el ya exdefensor “perdiera la cabeza”, como si esto pudiera justificar la conducta a la que Otálora sometió a su empleada. Ese mecanismo de defensa, utilizado por quienes están a favor del agresor, es grave porque promueve lo que el feminismo llama blame-victim, es decir:  señalar a la víctima cuando a quien hay que señalar es al acosador.

En Colombia, un país donde el piropo sigue siendo visto como un “halago” a la mujer, han surgido a raíz del caso voces que piden que situaciones como la de Cristancho no se sigan perpetuando.  Como afirma la especialista Catalina Ruiz-Navarro, destapar el caso Otálora hará que el acoso sexual tenga un “costo real”. A pesar de que queda un largo camino por recorrer y que las cifras de violencia machista en Colombia son espeluznantes (hay un feminicidio cada tres días) el paso que se ha dado en las últimas semanas ha sido fundamental para continuar por un camino en el que las actitudes que instiguen violencia contra una mujer, por ser precisamente mujer, se vean desterradas.

 

Sobre el autor

mmontoya113@alumno.uned.es'

Soy una periodista colombiana formada en España y residiendo actualmente en Lima. En mis áreas de interés está la política que afecta al cono sur, la cultura y el proceso de paz de Colombia.

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