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Colombia. Fin del conflicto ¿paz para el pueblo?

Por   /   Miércoles, 27 | enero | 2016  /   No hay comentarios

El Gobierno colombiano entra a la recta final del proceso de paz con la Guerrilla de las FARC. Naciones Unidas se encargaría de supervisar y verificar el desarme total de los insurgentes. Fuente: Fox News

El Gobierno colombiano entra a la recta final del proceso de paz con la Guerrilla de las FARC. Naciones Unidas se encargaría de supervisar y verificar el desarme total de los insurgentes. Fuente: Fox News

 Marina, casi doblándose del dolor, irrumpe la reunión: -mataron a mi hermano-, levanta sus manos, las lleva hacia su rostro y se suspende en el llanto: -tal vez lo último que pudo ver, fue la luna entre las tinieblas-, pensó en voz alta. Una de las víctimas líderes presentes, corre hacia ella, le coge la cabeza y en voz baja de aliento, se escucha: -nosotros perdonamos pero nunca olvidamos-…

Colombia se prepara para cerrar uno de sus capítulos armados y empieza a voltear la cara hacia las víctimas que ha dejado un conflicto, en pie más de 50 años, con la última guerrilla más antigua y numerosa de Latinoamérica: Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC-EP.

Hace casi medio siglo, su fundador, Pedro Antonio Marín, más reconocido por su nombre de guerra, Tirofijo, por mucho tiempo el hombre más buscado y combatido por el Estado, el hombre que logró poner en marcha “la causa revolucionaria” en manos de hasta 20.000 integrantes guerrilleros, , removía escombros en pro de alcanzar una nueva configuración de la política económica y social del país.

El 14 de abril de 1964, 48 guerrilleros darían su primer “hito fundacional”: La Operación Marquetalia, a mano alzada en armas y entre enfrentamientos con soldados colombianos, defendían los ideales de la resistencia comunista. Según los historiadores, recuentos de la guerrilla y recuentos militares, cerca de 1.200 campesinos, entre ellos niños y mujeres, huyeron de los caseríos, perseguidos por el flagelo de la violencia. En los últimos 55 años, tres de cada 10 colombianos muertos fueron víctimas del conflicto armado, en el 97% de los departamentos del país se ha registrado la expulsión de población de sus propios territorios y a la fecha existen 7.821.641 de víctimas oficialmente inscritas en el Registro Único de Víctimas como consecuencia del recrudecimiento de la guerra perpetuada por fuerzas guerrilleras de izquierda, fuerzas armadas y paramilitares de extrema derecha y  que  aún persisten en las montañas con sus estrategias de guerra.

En medio de la violencia instaurada dentro de la cotidianidad colombiana, el país ha entrado a ser partícipe de la recta final de las conversaciones de paz en la Habana, Cuba (iniciado desde el 2012), el proceso que tras 5 intentos anteriores fracasados, ha suscitado divididas reacciones por sentar frente a frente víctimas y victimarios develando lo que sería un futuro escenario de reconciliación en Colombia..

(Lea: Qué se ha acordado en la Habana?)

¿Cómo me saco la rabia?

En medio de 150 víctimas, todos extenuados por el cansancio que les dejaba esperar por la atención y para acceder oficialmente a la reparación estatal en el Chocó -pacífico del país-, se encontraba Lus Neri. Todos la miraban imprimiéndole  una particularidad: ella mientras habla, no deja de mover sus ojos de lado a lado, algunos dicen que quedó congelada recordando en cada palabra que declamaba el hecho que más le había causado dolor en su vida: su desplazamiento. Cuando se le pregunta a Lus Neri si quiere volver a su casa, ella  baja la mirada y no responde nada, después toma sus manos y muy despacio dice: “ya no será lo mismo, no se puede rehacer la vida sobre recuerdos de pedazos de cemento, ladrillos y restos humanos destrozados, ¿cómo me saco la rabia contra quienes hicieron eso?”.  Neri es sobreviviente de la masacre de Bojayá, ocurrida en el 2002 por un cilindro bomba lanzado por miembros de las FARC que cayó en una iglesia en donde los pobladores se encontraban pidiendo refugio.

Hace unas semanas la delegación guerrillera pidió perdón por la masacre, que partió en dos la vida de los chocoanos, como medida de compromiso a avanzar en la reconciliación del país y admitió que hacerlo “no devuelve a ninguna de las personas que perecieron ni borra el sufrimiento ni el miedo generado”.

El miedo y la rabia es el sentimiento más generalizado en las víctimas, según un informe presentado por el Centro Nacional de Memoria Histórica en el 2012, debido al clima de terror que los actores armados instalaron en muchas regiones con acciones como masacres, torturas, desapariciones forzadas, asesinatos selectivos, violencia sexual o los reclutamientos forzados, el mundo se tornó inseguro y las personas se vieron obligadas a desplegar mecanismos de protección como el silencio, la desconfianza y el aislamiento, modificando sustancialmente las relaciones comunitarias y familiares.

Instituciones públicas, organizaciones de víctimas y Organismos Internacionales que trabajan en el postconflicto, desde ya se cuestionan a qué tanto se deben enfrentar una sociedad que ha sido protagonista de uno de los conflictos civiles más antiguos del mundo. Una de las secuelas profundas pero a la vez no tan visibles de la guerra son las heridas psicológicas: “entre 4.455 pacientes que fueron a su consulta psicológica en Cauca, Nariño, Caquetá y Putumayo, reveló que la violencia es, entre otros factores estudiados, el evento que más afecta a la salud mental de la población civil, con índices de ansiedad y depresión que llegan al 34 por ciento, cifra mucho más alta que la del resto de población”, dice un estudio realizado por la Organización en Colombia, Médicos sin Fronteras en el 2014.

Aunque muchos no vivieron directamente la barbarie de la guerra, los expertos no dudan que la sociedad se afectó al exponerse al conflicto a través de los periódicos o las imágenes en los medios de comunicación.

“Estamos cosechando las consecuencias de lo que yo llamo impactos transgeneracionales, que ya no son manifestaciones de actores armados, pero que sí delinean los comportamientos de la sociedad”, dice Alfonso Rodríguez, psiquiatra de la Universidad del Bosque. 

 ¿Qué sigue para el país?

El 23 de marzo es la fecha en la que, con la firma de la finalización del conflicto, se abre un espacio de refrendación ciudadana, pues es necesario que lo pactado recoja los intereses de la sociedad

“Es natural que en las negociaciones entre los actores armados predominen sus intereses. Pero estos no necesariamente coinciden con los intereses democráticos generales o con los de grupos especiales de la población, como las víctimas o los grupos étnicos. La refrendación democrática del acuerdo de paz permite, entonces, que otros intereses –distintos a los del Gobierno y las cúpulas guerrilleras– sean tenidos en cuenta,”, dice el jurista Rodrigo Uprimny.

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Sobre el autor

Colombiana. Periodista de profesión y de pasión. Rodando por el mundo describiendo y creando realidades. Ahora con un gran reto: trabajando con víctimas del conflicto armado en mi país. Ahora cursando Máster Periodismo Internacional de la Fundación UNED y Agencia EFE @salazarLizza

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