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Charlie Hebdo, Twitter, Ciutat Morta y la reinvención del “nosotros”

Por   /   Lunes, 19 | enero | 2015  /   No hay comentarios

El pasado sábado, la televisión pública catalana emitió el documental de 2013 Ciutat Morta. La película narra el proceso judicial contra varios jóvenes de Barcelona, que supuestamente fueron utilizados como chivos expiatorios para que la responsabilidad por la agresión a un policía no escalara peldaños en el sistema municipal barcelonés.

La emisión del documental no estuvo exenta de polémica debido a la censura de un fragmento por decisión judicial. Este fue un motivo más para que #TotCiutatMorta y otros hashtags similares fueran uno de los trending topic de esa noche en España. Las reacciones no se quedaron en la plaza virtual, sino que llegaron también a las plazas físicas catalanas.

De este modo, después de que millones de tuits se enfrentaran a los verdugos de los recientes atentados en Francia a través de la etiqueta #JeSuisCharlie, unos pocos miles, a escala local, hicieron algo parecido este fin de semana con #TotCiutatMorta. Solo que los verdugos eran, en este caso, policías y jueces, principalmente.

La identificación con las víctimas traza, en ambos casos, dos bandos. Un ellos y un nosotros. Ciutat Morta, en el actual contexto europeo, recuerda que no hay más remedio (y es el único pilar de la “superioridad moral” occidental) que hacer los malabarismos que hagan falta para trazar esa línea divisoria en el respeto a ese espejismo jurídico que llamamos derechos humanos.

Aun suponiendo que la mayor parte de lo que se cuenta en el documental no fuese cierto (como insinuó el sábado el perfil de Twitter de los Mossos), incluida la condena por torturas contra dos miembros de la Guardia Urbana en 2011, la película seguiría siendo una buena fábula para no olvidar por qué, a pesar del terror, es necesario un estado garantista, que no se rija por la urgencia, la venganza, la represión, la impunidad o el miedo. También es muchas otras cosas, entre ellas un recuerdo en forma de poema de cómo flota en nuestras ciudades el polvo de otro frente de la misma guerra -que no por casualidad se cobra los mismos muertos-: el del dinero contra las personas.  

El alegato a favor del garantismo penal no es una obviedad,  pese a que parezca un argumento ingenuo y naif que no está “a la altura de las circunstancias” de la lucha contra el terrorismo. Pero como manifestaron los tuits de #TotCiutatMorta, son muchas las personas (y saben nombrarse en primera persona del plural) preocupadas porque la línea entre el “ellos” y el “nosotros” no se sitúe ni un centímetro más allá de donde debe estar.

Mapa del origen de los tuits desencadenados por #JeSuisCharlie.

Mapa del origen de los tuits desencadenados por #JeSuisCharlie.

Como ejemplo: toda la dialéctica del ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, para la aprobación el pasado diciembre de la ley de seguridad ciudadana se basó en la contraposición entre “ciudadanos” y “violentos”, siendo “violento” no la definición de unos hechos realizados, sino la descripción de esa persona que es el enemigo interno natural, ese al que los medios apellidan “radical antisistema”. A pesar de que se usa la expresión “derechos humanos” en los grandes discursos, hay muchas leyes y comunicados de prensa de las fuerzas de seguridad que matizan que los verdaderos portadores de derechos fundamentales son los “ciudadanos”. Y sabemos que esta última es una categoría mucho más voluble y administrativamente manipulable que la de “hombre”.

Ahora asistimos al mismo proceso con el enemigo exterior, que consigue poner de acuerdo también a la oposición. España es solo un ejemplo. Toda Europa está sumida en el mismo proceso de ampliación de los márgenes de maniobra del estado de excepción. El país-estandarte del mundo libre también mostró hace poco tiempo la cruda realidad del terrorismo de estado sistematizado, y no se espera que vaya a pagar nunca por ello. 

La política es enfrentamiento y cuando no lo hay suele ser porque se está silenciando a un bando. Pero deberíamos recordar más a menudo que quien más y mejor teorizó sobre la distinción entre amigos y enemigos terminó siendo nazi. Si el conflicto político en 2015 es de todo menos metafórico, hagamos por lo menos lo necesario para trazar los bandos con rigor, con la cabeza y no con las tripas. Escapar del relativismo de quienes niegan el nosotros, pero también saber bien quiénes somos en vez de sumarnos como quien va al matadero a un “nosotros somos” construido desde arriba en el que parecen caber a la vez demasiadas cosas.

 

 

Sobre el autor

No tengo eslogan, no tengo marca, no tengo logo. Escribo para (sobre)vivir: relato breve, poesía, guiones, y, ocasionalmente, noticias para la Agencia Efe, desde Madrid, Río o Lisboa. Me interesa la política, no me interesan las palabras vacías.

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