Cargando...
Estás en:  Portada  >  Opinión  >  Artículo

Avanzar a contracorriente y no avanzar

Por   /   Martes, 7 | enero | 2014  /   No hay comentarios

Irlanda tiene la primera ley en su historia que permite la interrupción del embarazo. La nueva normativa permitirá el aborto en casos en los que la vida de la madre corra peligro, y acepta la amenaza de suicidio como uno de los motivos para abortar. No es un gran avance. Ni siquiera un avance. Hace más de 20 años una sentencia del Tribunal Supremo en Dublín se pronunció al respecto.

Desde entonces, ningún Gobierno ha sido capaz de erigir un marco jurídico para detallar las circunstancias en las que un médico puede realizar un aborto. El actual Ejecutivo se puso manos a la obra después de que una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenara a Irlanda por prohibir abortar a una enferma de cáncer. La Corte dictaminó que las restricciones del país violaban los derechos humanos de la mujer vinculados a su vida privada.

1353006749297El debate se reabrió con el caso de Savita Halappanavar, que falleció el 28 de octubre de 2012. La mujer ingresó con dolores de espalda y los médicos le advirtieron del riesgo de sufrir un aborto, pero el hospital denegó la interrupción del embarazo porque el corazón del feto seguía latiendo.

El caso conmocionó al país, lo necesario para que el actual Ejecutivo acabara con la ausencia legal en la materia, ya antes criticada desde Estrasburgo, y para regular un supuesto, recogido en la Constitución de manera muy vaga. Pero no lo suficiente como para dejar de lado las convicciones religiosas en una sociedad profundamente católica. El primer ministro, Enda Kenny, ha reconocido que con la nueva ley apenas se modifica la situación anterior ni los derechos de la madre. Aunque para algunos sectores más conservadores abre las puertas para los abortos “a la carta”.

Lo cierto es que, por el momento, ninguna “carta” en Irlanda contempla el aborto con plazos, por la que han optado la mayoría de sus socios de la UE. Veinte de los 28 estados de la Unión reconocen el derecho de las mujeres a decidir libremente sobre su embarazo entre las 12 y las 14 primeras semanas. Una carta demasiada amplia para algunos de estos “avanzados” que han dado marcha atrás en la materia, como es el caso del Gobierno del PP en España, que el pasado 20 de diciembre aprobó la reforma de la ley del aborto, que pasará a denominarse Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada. El Ejecutivo de Mariano Rajoy ha avanzado algo más que Irlanda, aunque en este caso, su rumbo sí ha dado un giro, anulando la reciente norma de plazos.

Que exista una ley de plazos (más o menos cuestionables) deja tal delicada situación sujeta a las decisiones individuales. La mayor o menor permisividad por parte del Estado debe materializarse en la regulación de dichos plazos, sin el temor al quebrantamiento de una moral que será (inevitablemente) cuestionada, con o sin plazos, a título individual. Una pena. Pero insisto, es una cuestión moral y por ello, la ley no puede ser autoritaria ni intervencionista. 

Mientras unos avanzan a contracorriente y otros no avanzan, es probable que sus caminos se crucen. Y puede que lleguen a encontrarse, en el mismo punto.

 

 

Deja un comentario

También te podría interesar...

052-el-nacionalismo

Cómo triunfa el nacionalismo en la Europa del siglo XXI

Abrir artículo →