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Ame u odie al símbolo brasileño de la década, con él no hay término medio

Por   /   Sábado, 4 | enero | 2014  /   No hay comentarios

Es omnipresente, sus palabras se venden siempre y siempre a precio de oro, sus opiniones son tenidas en cuenta por seguidores y detractores, todos tienen un juicio (y un prejuicio) sobre él, levanta amor y odio, admiración y menosprecio. Es Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de la República de Brasil durante 2003 y 2010, símbolo por una década de un país llamado prematuramente a ser una potencia mundial.

Lula es alzado por un trabajador de la estatal petrolera Petrobras

Lula es alzado por un trabajador de la estatal Petrobras

Fue, entre otras cosas, propulsor de uno de los programas sociales mejor aceptados y demandados del continente sudamericano, la Bolsa Familia, una ayuda económica de unos 50 dólares para los que ganaban menos de 30 mensuales de la que se han beneficiado 14 millones de familias y que el pasado mes de octubre celebró sus 10 años de vida con homenajes de Estado.

Lula, obrero metalúrgico y sindicalista antes de llegar a las altas esferas de la política, cerró sus dos mandatos (2003- 2006 y 2006-2010) en el auge de su popularidad y de la de cualquier mandatario brasileño, con el 83 por ciento de los nacionales considerando que su gestión durante sus gobiernos fue “buena o muy buena”. Así Da Silva salía más reinante que cualquiera de sus antecesores, sin desgaste alguno y en la cresta de la ola, lo que le permitió colocar en la presidencia a la economista Dilma Rousseff, su delfín político entonces y actual mandataria.

No obstante, tres años después de su salida de la primera línea política y con la amenaza en el horizonte de verse denostado por los numerosos escándalos de corrupción en el seno de su partido (el Partido del Trabajador), la figura de Lula se desdibuja para antiguos amantes que hoy, pese a que no han dejado de reconocer sus méritos, le han bajado del altar de los dioses y le han devuelto al frío suelo de los mortales.

Viñeta de Edra sobre el caso de corrupción conocido como Mensalao

Viñeta de Edra sobre el caso de corrupción conocido como Mensalao

Y pese a que estos “traidores” -como les llaman algunos de los que aun se erigen como fieles del lulismo- pertenecen a la clase media y alta brasileña (en el norte pobre de Bahía, Ceará o Pernambuco, el ex sindicalista es más reconocido que en el rico sur del estado de Sao Paulo o el casi alemán Rio Grande do Sul) y siguen siendo pocos, la historia deberá juzgar a Lula no solo por su gran contribución social.

Quien piense que el ex dirigente, que ha llegado a sonar hasta para secretario general de las Naciones Unidas, desconocía los pagos que durante su primer mandato se hacían desde su bancada a la oposición para aprobar leyes, es que quiere seguir viviendo en el mundo de la credulidad, ese jardín divino en el que no hay líderes sin taras ni mano derecha conocedora de la actividad de su compañera, la izquierda.

beneficiarios del programa social Bolsa Familia

Beneficiarios del programa social Bolsa Familia

Al César lo que es del César y a Lula su reconocimiento por haber sacado a millones de compatriotas de la pobreza y haberles ofrecido un futuro más próspero que el que les habría tocado con otro presidente que hubiera tomado el superávit y las buenas previsiones económicas que dejó su antecesor, Fernando Henrique Cardoso, y lo hubiera dedicado a otro fin diferente que la prosperidad de la ciudadanía.

Y como a la ciudadanía parece que apenas nos queda lamernos las heridas y reírnos de nuestras epidemias, he aquí una muestra de cómo también los brasileños recurren al humor para no alcanzar el desespero y de paso reclamar que no debemos seguir en el camino del conformismo político donde lo mejor es lo menos malo.

 

Sobre el autor

Periodista convencida de que la profesión debe ir a mejor

Nacida en Extremadura (una de las regiones más humildes de España) hace 25 años, emigró al norte como tantos paisanos en busca de una educación más reconocida, que no por ello mejor, y se formó en periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, ciudad en la que aprendió gran parte de lo que es hoy. Con intereses variados, considera que el periodismo internacional no es más que información local con un poco de contexto para el que no conoce la región en la que el periodista se encuentra y la que es descrita en sus textos. Siempre esperanzada en una vuelta de la moneda, no confía demasiado en los grandes medios ni en muchos de los profesionales y compañeros que, apoltronados en la comodidad económica del pago a fin de mes, han perdido la noción de que esta profesión no es más que una labor social hecha por y para la sociedad. Admira firmemente a la sabia nueva que llega ingenua y con rabia, así como a la vieja de la que aprende cómo es la profesión y el mundo, a los que han comprendido el juego y han sabido inventar nuevas normas para sobrevivir en él e incluso mejorarlo.

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