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Akihito, el emperador cansado

Por   /   Lunes, 23 | enero | 2017  /   No hay comentarios

Japón vivió en 2016 un hecho que conmocionó a todos sus habitantes. Akihito, el único monarca con título de emperador del mundo, anunció en un discurso televisado sin precedentes su deseo de abdicar, algo cuanto menos problemático, ya que la ley nipona no contempla la sucesión en vida.

El emperador japonés, Akihito

El emperador Akihito de Japón

Tras 28 años al frente del milenario Trono del Crisantemo, el emperador de Japón se dirigió a la nación el pasado mes de agosto para explicar las limitaciones que padece debido a su avanzada edad y a sus problemas de salud.  Sin hacer una referencia directa al término “abdicación”, Akihito -conocido por su extrema discreción-, expresó entonces su deseo de que las funciones del emperador como símbolo de Estado pudieran continuar de forma estable y sin ninguna interrupción.

Sin embargo, la futura abdicación del monarca supone un quebradero de cabeza para el Gobierno nipón. Para que Akihito pueda renunciar a su cargo y este recaiga automáticamente en el príncipe heredero Naruhito, de 56 años, será necesario modificar la estricta normativa que rige a la Casa Imperial nipona desde 1947 y que no contempla la sucesión en vida. Con este objetivo, el Gobierno japonés estableció un comité de expertos para compilar propuestas y gestionar la abdicación del emperador, que no llegaría hasta el 1 de enero de 2019, según filtraron recientemente algunos medios nipones. Lo que aporte el grupo de expertos puede allanar el camino para poder activar una legislación especial que evitaría tener que recurrir a una enmienda de la Constitución, proceso demasiado largo y complejo. La oposición, sin embargo, apuesta por esta última solución a largo plazo.

Pese a que solo la abdicación póstuma está recogida en la ley actual, en el pasado la mitad de los 124 emperadores que han ocupado el trono del crisantemo abandonaron el cargo antes de su muerte. De producirse, en cualquier caso, la abdicación de Akihito sería la primera en la línea sucesoria imperial nipona desde la del emperador Kokaku en 1817.  El emperador se sometió a una operación coronaria de “bypass” en 2012 y en 2003 fue operado de cáncer de próstata. El tratamiento hormonal que se le recetó entonces le causó una osteoporosis y, además, en 2008 sufrió una hemorragia estomacal. 

Akihito, al que la Carta Magna nipona le señala como “símbolo del Estado y de la unidad del pueblo”, tiene un papel meramente ceremonial pero a pesar de las limitaciones del protocolo siempre ha mostrado su deseo de conectar con su pueblo.

“Sé que no es un Dios, pero cuando lo veo me hace feliz”, explica Yushi Iwamoto, de 27 años.

El emperador ha sido durante todo su reinado el máximo representante de estabilidad y continuidad para los japoneses, escépticos con la política, y su deseo de abdicar cuenta con el apoyo de casi un 90 por ciento de la población. Akihito cuenta también con el respaldo de su círculo más cercano, donde crece la preocupación por el envejecimiento de la cada vez más reducida familia imperial japonesa.

Con su edad avanzada y una salud cada vez más debilitada, Akihito quiere marcharse del Trono del Crisantemo de la misma forma como ha reinado durante casi tres décadas, sin sobresaltos ni estridencias.

 

Sobre el autor

Periodista

Periodista y comunicadora audiovisual. Canterana de Agencia EFE, ahora en Tokio.

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Fuente: AP

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