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Agua y aceite: así es vivir en Molenbeek, el supuesto distrito del yihadismo en Europa

Por   /   Miércoles, 10 | febrero | 2016  /   2 comentarios

maxnewsworldthree879284Donde vivo no hay mucho ambiente joven, pero al menos tengo las cosas básicas. Un Lidl, un Colruyt -que es como el Makro belga-, panaderías, carnicerías, el típico ultramarino que te vende alcohol, tabaco y todo lo que quieras, un par derestaurantes de kebab, un banco, una peluquería, un gimnasio y dos estaciones de metro bien conectadas con el centro de la ciudad.

Resulta que este barrio gris, aburrido y de gente normal, Molenbeek, es, según los medios, la sede del ISIS en Europa. Desde que se hicieron varias redadas y se descubrió que el principal sospechoso de los atentados de París es de aquí, se han sucedido crónicas sobre este refugio de yihadistas a solo 15 minutos del corazón de la UE.

La historia se vende muy bien. Un nido de la yihad a tres pasos de las sedes europeas, que ya estuvo implicado en otras tragedias (11M, Charlie Hebdo…) y que supone un ejemplo del fracaso de la integración de las comunidades inmigrantes en Occidente. Todos los grandes periódicos han publicado sobre esto, y hasta las televisiones han enviado corresponsales.

Una historia fundamentada en datos verídicos.  El autor de la matanza en el Museo Judío de Bruselas, Mehdi Nemmouche, en 2014, los dos presuntos yihadistas abatidos por la Policía en enero en Verviers, el cabecilla de la célula terrorista desmantelada entonces Abdelhamid Abaaoud, o la hermana del presunto terrorista Ayoub el Khazzani, autor del ataque el pasado agosto en un tren de alta velocidad Thalys con destino a París, todos han pasado por Molenbeek. También Abdelkader Belliraj, líder de una red terrorista islamista desarticulada en Marruecos en 2008, dejó su huella en ese distrito.

Yo también estaba entre la marabunta de periodistas concentrados en el cordón policial para sacar fotos de un policía encapuchado y armado. Unos registros que en su mayor parte han acabado con la puesta en libertad de los detenidos. Todos con las cámaras apuntadas para sacar a un Policía y así vender aún mejor la crónica sobre lo chungo que es este sitio, cuando al otro lado de la calle la gente seguía con su vida normal. Un circo mediático.

Hemos creado (o fomentado) un estigma del que dudo que este barrio pueda salir algún día. Ya no es el boca a boca entre los vecinos de Bruselas, como pueda pasar en la Palma-Palmilla de Málaga o en las 3000 de Sevilla, sino la advertencia de medios de comunicación de todo el mundo de que esta es una zona no recomendable y un núcleo de yihadistas.

Una vecina me contaba que ahora, al poner que eres de Molenbeek en tu CV, las posibilidades de que te den un trabajo van a disminuir. Otra criticaba que con nuestras crónicas del nido yihadista hemos espantado a clientes de los negocios, que ahora nunca irán a Molenbeek a hospedarse, a hacer la compra o a jugar la pachanga de los domingos. Hemos hundido a la comuna en un pozo del que nunca creo que termine de salir.

En Molenbeek no se ve pobreza o peligro. De hecho, me ha dado muchísima más sensación de miedo cuando he pasado por las 3000 Viviendas de Sevilla que aquí. Un comerciante de la zona me explicó que las ayudas estatales hacen que aquí no haya familias en situación de extrema necesidad, y que los servicios públicos siguen funcionando tanto en restauración de edificios como limpieza de calles.

Pero es cierto que Molenbeek no es un barrio como los demás. Arrastra una tasa de desempleo del 30% (según fuentes oficiales) que en la población joven asciende al 40%. La tasa de paro nacional, por su parte, es del 8,5%. Al haber tenido tantos casos de terroristas, es indudable que las instituciones deben aumentar no solo la prevención, sino la represión hacia núcleos de islamistas radicales que encuentran cobijo en un barrio tranquilo donde viven muchos árabes.

También es un barrio donde el 80% de la población es de origen magrebí. Y el problema no es ese, obviamente, porque al fin y al cabo todos somos descendientes de inmigrantes. La cuestión es la adaptación. Y en esto, no es cuestión de “echar culpas” a ninguna de las partes. Es el pez que se muerde la cola.

Al igual que los Erasmus españoles tienden a juntarse entre ellos, los magrebíes hacen lo propio cuando emigran. Es cuestión de idioma y raíces culturales. Pero está claro que cuando las comunidades magrebíes se concentran en zonas concretas, no ha habido una voluntad por parte de ellos de adaptarse al nuevo país y a sus culturas. Lo cual no ha sido exclusivo de ellos: los italianos de NY vivían en Little Italy y los chinos lo hacen en Chinatown.

Muchos vecinos de Molenbeek me han asegurado que las empresas aplican criterios racistas a la hora de escogerte y que si te llamas Mohamed o Ibrahim tus opciones disminuyen aunque tengas titulación académica.

Un compañero me comentaba que las comunidades de inmigrantes se han integrado en Occidente como el agua y el aceite. Conviven juntos en aparente armonía, pero con núcleos bien diferenciados y sin terminar de mimetizarse en la sociedad. La integración ha fracasado porque es imposible lograrla plenamente, al menos entre la primera generación de inmigrantes.

El agua y el aceite definen a Molenbeek. La gran mayoría convive en paz, con su terreno y su esencia intactas y sin terminar de conectar, pero en paz. Y todos deberíamos velar porque se mantuviera así, y no alimentar el odio y la desconfianza entre vecinos al decir que un barrio de la periferia de Bruselas se ha convertido en la sede del terrorismo yihadista, porque sería reducir la realidad al titular que más venda en el periódico.

 

2 comentarios

  1. Rubén Serrano Martínez dice:

    Interesante y muy buena reflexión sobre la integración de las comunidades de inmigrantes en las sociedades de recepción. En el fondo esto muestra que no hay una mentalidad común de unidad europea ni una intención real de que eso ocurra.

     
  2. Virginia Ruiz Gómez dice:

    Jaime, enhorabuena por la calidad de este artículo.
    Me parece interesante conocer, en primera persona, cómo se vive en Molenbeek. Me parece que la redacción es impecable y me ha gustado especialmente cómo, al final del artículo, explicas el título del mismo -”Como el agua y el aceite”.

    Virginia.

     

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